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Llueve

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Y no sé si es esta luz gris que tiene el día, o el recuerdo de 24 personas convirtiendo sus manos en gotas de agua en el “Magic circle” de aquella sala de conferencias en La Palisse, o si será que vuelvo a sentir la lluvia cayendo en Kigali, lluvia que exorciza y que limpia… no sé… pero tengo un viernes de melancolía. De preguntas. De dudas.

Y una única certeza. La lluvia.

Agua que cae y con ella sobreviene el peso de la vida que he acumulado a borbotones en Ruanda y que se me escapa por las uñas, por los poros, entre los dientes… que trata de crecer por dentro y se topa con mi perímetro de piel. Sal, sal, sal, inunda, ilumina…

Este mundo al que miran los mismos ojos encontrándolo a ratos tan extraño y desconocido.

Y yo. Transformada. Etérea. Liviana…

“pies para qué os quiero, si tengo alas para volar”. Frida, mi vida, que has vuelto de mil maneras en estos 30 recién estrenados para recordármelo, para que no olvide. Vive. Ama. Porque eso eres tú más que nada, por encima de cualquier otra cosa. Pasión.

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Me gusta el ritmo de los domingos

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Sí, me gusta el ritmo de este domingo en Barcelona. El primero.

Me he levantado y he abierto balcones. Las nueve y media. La calle de Gracia donde vivo, con nombre de escritor decimonónico, se ha despertado mojada y tranquila, tan solo alguna mujer, más madrugadora que yo, a la que he imaginado cargada de croissants calentitos. He desayunado leyendo a Pérez Oliva, con quien siempre recuerdas o reaprendes cómo debería ser el periodismo para que siguiera siendo tal. Y mi cama de nube blanca y espirales me ha vuelto a atrapar sorpresivamente, transformando el plan inicial de salir a dar un paseo en otras lecturas sobre el mundo, sus mujeres y sus revoluciones.

Anna toca el piano, y yo recuerdo mi sueño de la noche anterior, en el que, una vez más, eran mis manos las que sabiamente recorrían las teclas. Sí. Me gusta a lo que suena este domingo. Hada, la pequeña de las mininas, dormita finalmente a mis pies, después de haber recorrido ronroneando cada rincón de la cama. Y se escuchan fuegos artifiales, ¿son fuegos artificiales?, ¿a esta hora..?

Quería salir a la calle… pero estoy tan tranquila en casa… Suena el piano…

instantes

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Un descanso en el mismo lugar que fue el primero. El que me acogió en el retorno y el que me despide, o en el que me despido, en la partida… temporal…

Barcelona. Una mujer envuelta en harapos, descalza, con los pies temblorosos y la mano tendida en una esquina de la Catedral mientras por su lado pasan sin verla hombres con corbata y señoras de tacón; ojos rasgados tras el objetivo de cámaras de último modelo; ojos rasgados que miran al cielo; jóvenes que arrastan maletas; hombres de chaqueta y oreja pegada al auricular del móvil…

Barcelona. Otra mujer se atusa el pelo detrás del mostrador de una tienda de ésas que siempre estuvieron ahí, de las que bien podrían llevar años sin que nadie traspase su puerta. Sólo esa mujer, ya madura, que parece haberse olvidado incluso del paso de los años cansada de contar los mismos soles cada mañana.

Barcelona. Y esa mujer que no está en Barcelona, está en todas partes y en ninguna, en un lugar perdido que sólo ella conoce. Pelo encanecido, espalda encorvada. Arrastra el carro de la compra, con paso lento y pesado, comentando sus dolores a las amigas ausentes que acompañan su soledad, visibles únicamente en su mundo inaccesible. Tiene que darse prisa. Parece que pronto va a llover.

Barcelona. Y yo. Que regreso una y otra vez a los mismos lugares. A mi mesa. La mesa de siempre en este lugar adoptivo autodesignado por mí. Barcelona. La ciudad de los misterios y las alegrías. La ciudad de los encuentros. Una joven soñadora que a veces se extraña de sus manos. Que sigue buscando no sabe muy bien qué… tal vez se busque a ella… Y que se encuentra sin saberlo. En los lugares de siempre. Y el lápiz, que se desliza rápida y ajenamente sobre el papel, en un acto que la reconcilia con ella misma. Que la devuelve a lo que es. Aunque no sepa todavía qué. Pero a lo que es.

Y el tren, que espera.

El Joan Gomis

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Esta vez ha sido un viaje rápido a Barcelona, corto e intenso, de esos de los que no te dejan disfrutar de las personas que no siempre tienes al lado, a las que ves de vez en cuando pero que se siguen manteniendo cercanas en la distancia. Pues bien, aquí abajo está el testigo de que sí, el martes por la tarde estuve en Barcelona recogiendo el Joan Gomis, compartiendo la alegría con mi madre y mi tío, y con el leal compañero de sueños Mikel, pensando en los que se habían quedado en casa, con las ganas de venir y las complicaciones de la vida cotidiana, pensando en los que ya no están aquí y desde arriba, o donde estén, sé que también se alegraron conmigo, pensando en las personas valientes y extraordinarias, que se juegan el pellejo por hacer de éste un mundo mejor, pues el mérito, el verdadero mérito es de ellas y ellos. En mi caso, yo sólo le puse palabras, si no hay personas, no hay historia, i prou.

memoriajoangomis

El acto de entrega fue muy sencillo, muy cercano y muy humano. Es curioso. Jamás conocí a Joan Gomis, pero me vengo con la sensación de haber estado cerca de él. En la foto, a mi lado, Paco Simón, el premiado en la categoría de publicados, por un excelente documental sobre los exiliados de la Unión Patriótica en España, y entre los protas, dos conocidos, Héctor y Lucho. Muy recomendable. Se puede ver aquí. Volver a escuchar a Lucho eriza la piel. Emociona su grandeza, su dignidad, su fuerza. Me recuerda también la historia de Leonora, otra mujer de las valientes. Tengo algo pendiente con ellos.

Recuerdo cuando estudiaba en Barcelona e iba recogiendo información como loca de los actos y conferencias, seminarios, etc. que se organizaban por aquellas tierras, sedienta de lo que no siempre encuentro en las mías. Entre ellas, la de los Lunes por los Derechos Humanos, organizados por Justícia i Pau. Quién me iba a decir a mí que, tiempo después, “posaría” al lado de Arcadi Oliveres… cosas (inesperadas y bellas) de la vida.

Autobombo… y platillos!

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joangomisHe esperado pacientemente a que la cosa fuera pública, una semana. Ahora sí, ya puedo compartir con la blogosfera una noticia que me ha hecho sumamente feliz, lo pondré en mayúsculas, por eso de enfatizar la alegría: HE GANADO EL JOAN GOMIS DE PERIODISMO SOLIDARIO!!!!!!!!!

Estoy tan feliz…. era la primera vez que enviaba un texto a un concurso periodístico, de hecho, el premio funcionó como motor para animarme a escribir la historia (cuántas historias acumulan polvo virtual en las carpetas de mi blanquito esperando “el momento” que nunca llega de convertirse en palabras)… y la sorpresa ha sido enorme!

¿Qué significa el Memorial Joan Gomis para mí? En el apartado material, mi reportaje sobre Breaking the Silence, una ONG de soldados israelíes que recopila testimonios de soldados contra la ocupación será publicado en castellano y catalán en dos revistas: El Ciervo (que, a pesar del nombre, no tiene nada que ver con la caza) y Foc Nou. Además, dos mil eurillos para alimentar algún sueño de paz, y un cuadro con un dibujo del propio Joan Gomis, un hombre absolutamente admirable por su entrega a la tarea de hacer del mundo un lugar mejor.

En el otro apartado, el personal, el Joan Gomis tiene efectos todavía más importantes. Inaugura una nueva etapa dándome un plus de confianza en mí misma y en mi manera de contar historias. A veces, es triste reconocer que puedo llegar a necesitar este tipo de refuerzos para creer en mí, en mi capacidad, en que realmente todos tenemos el poder para cumplir nuestros sueños… pero siempre viene bien para la autoestima, sobre todo cuando tenemos una mente perversa y traicionera. El Joan Gomis supone un orgullo absoluto, el de haber sido elegida únanimente por el jurado (¿es que se presentó poca gente? pregunté por teléfono al hombre que me dio la noticia, todavía sin creérmelo y con el corazón a mil por hora) como la que mejor representa la memoria del que fuera presidente de Justícia y Paz desde 1976, cuando una no era siquiera un proyecto de vida, hasta su muerte en 2001. Joan Gomis, un mercuriano como yo… seguro que era también un soñador… pero un soñador con las botas puestas!

Seguiré informando porque el 27 de octubre me toca ir a Barcelona al acto de entrega.

… siempre barcelona…