Drácula

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Helado de agua sabor cola y fresa: agua, 
azúcar, jarabe de glucosa de maíz, zumo de
fresa a base de concentrado (1,25%), 
estabilizadores (goma guar, goma garrofín), 
colorantes (ácido cítrico, ácido fosfórico), 
aromas. Helado de vainilla: leche desnatada 
en polvo rehidratada, azúcar, grasa vegetal 
(coco y palma), jarabe de glucosa de maíz, 
lactosuero en polvo, proteínas lácteas, 
emulgente (mono- y diglicéridos de ácidos 
grasos), estabilizadores (goma guar, goma 
garrofín, carragenanos), aromas, colorante 
(mezcla de carotenos). Puede contener trazas 
de huevo, cacahuetes y otros frutos secos.

(todo  eso acaba de pasar a formar parte de mi organismo hace un momento. por suerte, no había trazas de nada. mundo químico.)

30 + 1

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El tiempo. Supongo que en algún momento necesitamos inventarlo para poder poner un poco de orden en esto a lo que llamamos vida. Orden, control,  tiempo. Aceptamos al sol como punto de referencia y con él llegaron las horas, los días, los meses… y nos fuimos haciendo oficialmente viejos. El tiempo, entre otras cosas, nos permite ubicar nuestros recuerdos -aunque éstos a veces bailen- y llevar la cuenta de aquellos momentos que han sido significativos, mantener la ilusión de que lo que un día fue, aunque el ser, al fin y al cabo, no sea más que un permanente dejar de ser.

Contamos, cada uno nuestras cosas, de nuestra particular manera. Yo conté ayer las 31 primaveras, veranos, otoños e inviernos que han pasado desde que abrí los ojos en este mundo. 31 años. 30 + 1. Si el tiempo no fuera lo que es, si después del nueve vinieran otros dos números, por ejemplo, yo no habría entrado todavía en una década nueva y tal vez no sentiría el vértigo que se siente, o esa especie de imperativo interno que la obliga a una a hacer balance y ajustar cuentas de lo que ha dado de sí lo vivido en este planeta. Pero las cosas son las que son, porque somos también el tiempo en nosotros, e inevitablemente me paro y miro atrás –o a los recuerdos de ese atrás- y pienso. 30 + 1. Ésta soy yo, hoy, aquí, así.

Cuando era pequeña esperaba con ilusión la llegada de este día. Los recuerdo soleados, largos, de ventanas abiertas. Me gustaba vestirme de colores, llenar el salón de casa de compis de clase, los chicos, las chicas, las patatas y los sándwiches de nocilla, soplar velas, quitarme el merengue de la cara y manchar la nariz de otros, bajarnos a la calle, comprarnos un helado y jugar, jugar, jugar. Mi cumpleaños era una especie de antesala del verano, se acababan las clases por la tarde, empezábamos la natación, el fin de exámenes, las buenas notas… el broche a un año que, como todos los de mi infancia, había sido pleno y casi perfecto. Así los recuerdo. Supongo que idealizados también por ese tamiz de la memoria.

La parafernalia y los convencionalismos de los cumpleaños me han gustado siempre. Los he esperado con alegría, incluso el temor de cumplir los 30, ¡esa barrera de la que tanto se habla!, se desvaneció con los 30, no fue para tanto. En mi cumple, aparco ese sentimiento fatalista que tengo ante la vida, la conciencia de la muerte y la nada, y me limito a disfrutar del día, simplemente por el mero hecho de hacerlo, porque sí, porque es mi cumpleaños, el momento de celebrar mi vida. Del canto, las palmas, el deseo y la tarta de almendras.

Como nos vamos enredando con los días y nuestras realidades se hacen complejas, sin mucho tiempo para reflexionar, para el silencio, para buscar significados, no nos damos cuenta de cómo nos hemos ido convirtiendo en nosotros. Yo soy la suma de mis días hasta hoy y de todo lo que ha pasado por ellos. Y sí, es una suma de 31 años con resultado feliz.

Sin embargo, ayer amanecí un poco cabreada conmigo misma porque desperté sabiéndome y sintiéndome triste. Y me costó mucho entenderlo y aceptarlo. Fue una lucha interna, que si ¿ves?, en el fondo es un día más, como otro cualquiera, frente al ni pensarlo, es 5 de junio, qué haces así, de dónde, por qué estas ganas de llorar. ¿Será que acaso la ceremonia ha dejado de tener interés para mí? ¿Será toda la tristeza que hemos ido acumulando estos últimos meses? ¿Y por qué esa necesidad de buscarle explicaciones a todo?

Una cerveza, una copa de vino y buena compañía y conversación mitigaron el sentimiento, lo adormecieron. Al tiempo, y es lo que tienen estos días, especialmente los cumpleaños 2.0, en los que son las redes sociales son las que se encargan de recordar puntualmente quién de tus agregados celebra, fui recibiendo muchas, muchísimas palabras de afecto, de personas del ayer y el antesdeayer, del hoy, del hace un rato, desde aquí, desde Estados Unidos, México, Colombia, Israel, Ruanda, Congo, India, Italia, Bélgica, Inglaterra… Desde tantos sitios, tanta gente que en algún momento de estas tres décadas ha compartido algo conmigo se acordó de mí y me regaló palabras y cariño. Eso me fue llenando el espacio que dentro de mí había amanecido con una sensación de vacío y tristeza. Eso, que a priori podría parecer tan superficial, tan de “bienqueda”, dibuja ante tus ojos la dimensión de lo que está siendo tu vida, porque en realidad no es tan superficial, somos tan libres de felicitar, de desearle felicidad a alguien, como de no hacerlo. Y yo prefiero quedarme con quien hace el esfuerzo, por pequeño o irrelevante que pueda parecer, de dedicarle algún minuto a esa persona, de enviar el mensaje, de escribirlo, de hacer la llamada. A mí eso me hace feliz. Me devuelve a los buenos momentos vividos en el colegio, en Morata, en familia, en el instituto, en la parroquia, en la universidad, en Italia, en el trabajo, en París, en Ruanda, en Israel, en tantos lugares en los que he tenido la suerte y el privilegio de estar estos 31 años. Me siento afortunada de que, además de buenos recuerdos, algunas fotografías, me queden tantas personas que, aunque sea un día al año, se asoman y me desean felicidad.

Vuelves la vista atrás, un poquito, y te sientes satisfecha porque cada año se va incorporando gente nueva, aunque algunos se pierdan en el camino, otros se hayan marchado y sepas que hay gente importante que ya no va a volver nunca más. Haces balance y en el saldo de dolores y alegrías acaba ganando esta última, a pesar de algunas tristezas que quedan, porque entiendes que el sentido, incluso de la pérdida y el dolor, es la celebración de la vida, del aquí y el ahora con los que están, y en algunos momentos, con los que un día estuvieron, aunque sólo sea durante el día de tu cumpleaños.

Bienvenidos seáis, 31, y con vosotros, las nuevas personas que se van a ir incorporando a mi vida durante estos 365 días que tengo por delante. Brindo feliz por los que son y por los que serán.

“Aprendí la a, la b, me enseñaron las sílabas… y ya puse mi nombre”. Chefa y el estremecimiento de cada día

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Letrita por letrita… ése fue, para mí ése fue mi nacimiento

Benditos sean esos días en los que pasa algo que nos estremece. A veces llega por sorpresa, otras se ve venir. Hoy ha sido una mezcla de ambos. Lo escuchas con algo más que los oídos, y de repente la piel reacciona, se eriza, se empañan los ojos. Lo sientes, sientes a la persona y su emoción. Con ella te mueves tú también.

El estremecimiento de hoy tiene nombre de mujer. Josefa, o Chefa, una de las bolivianas que ha participado en el proyecto de educación a distancia a través de la radio puesto en marcha por la Red ACLO y Entreculturas hace algunos años en comunidades del sur de país. Esta mañana, Mario Luis Huayta, uno de los responsables de estos programas “El maestro en casa”, ha venido a compartir su experiencia, la experiencia de la radio transformadora, la que abre mundos y cambia pequeñas realidades, con los alumnos de tercer curso de Periodismo UMH.

Con él y con Denayira Hernández, técnico en comunicación de la ONG, hemos hablado de comunicación para el desarrollo y de cambio social, una asignatura pendiente en los planes de estudio de esta licenciatura que, precisamente hoy, celebraba también el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Pues bien, en Periodismo UMH lo hemos celebrado a nuestra particular manera, con los pequeñitos, que son los que, al final, encierran las grandes lecciones. Como Chefa. ¿Os podéis imaginar, tuiteaba emocionada, lo que puede sentir una mujer cuando, a los 68 años, escribe por primera vez su nombre? Ella lo dice bien claro, antes vivía en la oscuridad. Las palabras nos traen la luz. Son poquitas las letras y cuántos los mundos en sus posibles combinaciones. Hasta uno mismo. Mi nombre. Me escribo. Soy yo. Hoy me parece que no hay ejemplo mejor ni más claro de lo que es el empoderamiento.

Gracias, Chefa.

Aquí podéis escuchar a Chefa contando su vida

Sant Jordi

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Y los días se echaron a caminar.

Y ellos, los días, nos hicieron.

Y así fuimos nacidos nosotros,

los hijos de los días,

los averiguadores,

los buscadores de la vida.

(El Génesis, según los mayas)

Con estas palabras se abre la puerta del último libro de Galeano, Los hijos de los días, mi particular regalo de Sant Jordi. Nuevo abrazo. Iniciamos la búsqueda.

Unas breves reflexiones a modo de entrevista

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Desde que a mediados de diciembre el compañero Miguel Carvajal me invitara a dar una rueda de prensa como portavoz de Amnistía Internacional para sus alumnos de segundo de Periodismo se han sucedido unas cuantas llamadas y peticiones de entrevistas para ayudar a los chicos y chicas con sus prácticas, fundamentalmente, para reportajes de tema ONG o derechos humanos. Pero esta semana recibí una propuesta distinta, muy interesante. @LilMuse92, como es conocida en Twitter la intrépida Bea Lara, me envió un pequeño cuestionario para un repor sobre perfiles profesionales en el que está trabajando. Os comparto aquí las respuestas. ¡Gracias, Bea, he disfrutado respondiéndolas!

Pregunta. ¿Dónde te formaste? ¿Consideras importante lo aprendido en la universidad para el desempeño de tu trabajo, o realmente lo aprendiste todo trabajando?

Respuesta. Estudié Periodismo en el campus de Elche de la Universidad Cardenal Herrera-CEU, formé parte de la primera promoción que se licenció en la ciudad, lo cual tiene sus ventajas y sus inconvenientes, tanto en lo que respecta a la formación académica como a la práctica. En mi caso, tuve la suerte de estudiar becada durante toda la carrera y de hacer prácticas desde primero. Antes de acabar ya estaba trabajando contratada en el diario Información de Elche por lo que fui combinando ambos mundos, más alguna pequeña incursión en el terreno de la investigación.

Respecto a la segunda cuestión, yo soy una defensora acérrima del paso por la universidad. Es cierto que el periodismo tiene una dimensión importante de oficio, de carácter técnica, pero no hay que perder de vista que trabajamos con información, somos los responsables de hacer entender al resto de personas lo que pasa en el mundo, desde lo local a lo internacional, y eso entraña una gran responsabilidad. El periodista, en mi opinión, tiene que tener, como se dice coloquialmente, “la cabeza bien amueblada”, una formación de base sólida, humanística y, a ser posible, especializada en aquellas áreas que sean de su interés. La Universidad nos enseña a pensar, a ser críticos, disciplinados en nuestro trabajo e, incluso, diría yo, nos ayuda a conocernos mejor. El periodista tiene que ser curioso por naturaleza y no se me ocurre un lugar mejor para saciar esa curiosidad, para aprender, para entender qué es esto de la comunicación que la universidad. Creo que es el mejor espacio para comenzar a forjar nuestro propio perfil, nos permite experimentar, aprender. Si todo lo tuviéramos que aprender trabajando seríamos unos profesionales mucho más limitados, casi clónicos.

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Mis diez (primeros) años en Amnistía Internacional

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“Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad” Peter Benenson

Lo recuerdo como si fuera ayer, como se recuerdan los momentos que marcan las vidas, los que abren puertas. Segundo de carrera. Un ciclo sobre cine y derechos humanos. Recuerdo el estómago retorciéndose mientras se van sucediendo las imágenes y las historias que narra Javier Corcuera en La espalda del mundoLa diputada kurda Leyla Zana, el niño de la mina peruana y, sobre todo, Thomas Miller, el perfecto retrato de la sinrazón de la pena de muerte, su celda en el corredor tejano. Sí, yo me preparaba para ser periodista por ellos, por el Niño, por la Palabra y por la Vida. Al término del documental una mujer, por aquel entonces con su inconfundible pelo caoba (“pero si es la del pelo rojo, la viuda de Cayetano Sempere…”, no había pasado tanto tiempo desde su discurso imposible en la graduación de mi promoción de Bachillerato) inició el coloquio en el que habría de presentarnos a Amnistía Internacional haciéndome saber que, desde ese momento, mi vida iba a quedar ligada a la de la organización. Con la pasión propia de los 20 años, al final de la charla me acerqué a ella, a la Bouvard, y le dije que yo también quería ser una más, feliz de haber encontrado un lugar, en mi ciudad, en el que trabajar por los derechos humanos.

Ayer se cumplieron diez años. Un tercio de mi vida. Una linda historia de casualidades pues, sin saberlo, celebré la década acompañada de la abogada congoleña Nicole Odia Kayembe. Nicole pasó fugazmente por Elche para acompañarnos, el pasado martes, en la inauguración de la exposición “Los Derechos Humanos de las Mujeres”. Con ella, hablamos de la situación de las mujeres de su país en Radio Exprés, compartí paseo bajo palmeras y comida en francés. Un día tremendamente estimulante, de esos que ansío y que me llenan. Un día de sentido. Agotada, por la tarde, ya en casa, comprobé que fue un 14 de marzo de 2002 cuando inicié oficialmente mi andadura en esta organización, que es mucho más que una ONG, como he podido comprobar tantas veces en tantos lugares. Y, sin quererlo, el laberinto de la memoria me fue devolviendo un rico collage de imágenes, personas, momentos… Como me gusta decir, al recordar –re cordis– volvemos a pasar por el corazón aquello que hemos vivido. Y así fue…

… los compañeros del grupo local que estaban ahí aquellos lunes de ensobrar en el CEU, los que siguen y los que se marcharon; el traslado al Margalló; las primeras ruedas de prensa; aquella Amnistía azul; María Dolores y sus inconfundibles maneras con el concejal o el alcalde de turno; el día que nos vestimos por primera vez de presos de Guantánamo; las cartas, los cientos de cartas y de firmas; la emoción de recibir la respuesta de algún gobierno, aunque el mensaje no fuera más que la típica palabrería diplomática; la primera visita al número 8 de Fernando VI; los ensayos y las poesías; el día que nos echamos a la piscina y decidimos traer a todos los grupos de España a Elche y el día que, por fin, fue real; la admiración eterna a Carmen Soto; Isabel, los actos de calle con ella, aquellas doce horas interminables en los últimos asientos del Alsa a Vitoria y llegar doloridas y sin dormir y tan felices a la Asamblea General, y a la de Santander, y la de Ciudad Real, y la de Pamplona…, los agobios compartidos y la esperanza de que vuelva; mi familia colombiana, probablemente el regalo más bonito que me ha hecho AI-Elche, esos cinco meses con José Humberto, Bertha Regina, Vicky, Marcela… y la unión definitiva con su país, que todavía me espera; las crisis; mis nuevas compañeras Sandra, Eva, Caterina, Carolina y Sidi, que han llegado cuando en el grupo más se les necesitaba…

Siempre, mientras estuve en Milán, cuando me fui a París, durante el primer posgrado en Barcelona, luego el segundo… Amnistía siempre ha estado ahí, porque está dentro, porque la llevo conmigo. Como bien lo sabe Noelia, ahora desde Bruselas, es un sentido de pertenencia que va más allá de las fronteras, como aquel día, aquella foto en una plaza de México DF, con uno de los jóvenes de AI que recogía firmas, la conexión inmediata. Sí. Somos una gran familia.

Así que este es mi pequeño homenaje a Amnistía, a las personas que la hacen grande en España y en el mundo, pero particularmente, en este pequeño rincón que es Elche y que es mi almario. Gracias, por ayudarme a ver el mundo con estos ojos. Que cumplamos muchos más.

Pequeña memoria fotográfica:

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Entrevista con la abogada congoleña Nicole Odia en Radio Exprés (marzo, 2012)

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Taller de Educación para la Paz y la Noviolencia en Elche Acoge (enero, 2012)

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Décimo aniversario de Guantánamo (enero, 2012)

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Celebrando el 50 aniversario de AI y el Día de los Derechos Humanos (diciembre, 2011)

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Súper A, (enero, 2011)

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Asamblea General Federal de AI España en Elche (abril, 2009)

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Rueda de prensa con Joaquín José Martínez (noviembre, 2008)

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Elche, Ciudad por la Vida (noviembre, 2008)

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Inauguración Exposición ‘Defensores, el testimonio obstinado’ (noviembre, 2008)

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Campaña JJOO Beijing (junio, 2008)

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Presentación Informe Anual con Leonora Castaño (junio, 2008)

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Asamblea General Federal en Santander (abril, 2008)

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De lobby con Bernat Soria (febrero, 2008)

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Música y poesía en el 59º aniversario de la Declaración de DDHH (diciembre, 2007)

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Asamblea General AI Comunidad Valenciana en Elche (mayo, 2007)