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Lo que todavía duele…

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No venía en este orden. No tenía planeado el siguiente post sobre esto. Andaba digiriendo todavía la experiencia en Israel y ese poquito de Palestina que visité, asentando ideas y emociones, antes de traspasarlas a esta ventana, pues hay mucho que tiene que ser contado sobre el viaje y sus personas… sin embargo, las cosas -y seguramente por fortuna- nunca son como las planeas.

Así que de repente abro el correo y me encuentro con un enlace a un video que me devuelve de bruces a esa otra realidad, la nuestra, que todavía duele. Y me traslado del dolor de aquel lado del Mediterráneo, tan presente y tan complejo, a nuestras propias heridas. Las circunstancias me han hecho pensar durante estas últimas semanas en nuestra historia reciente. Y cuando dices en Israel que eres española no es extraño que te digan que ‘vosotros también lleváis lo vuestro encima’.

Yo tuve la suerte de nacer, digamos, en un país libre, aunque aquel día de junio de 1981 las mujeres todavía no podían divorciarse legalmente de sus maridos… había mucho que cambiar…

La guerra nunca fue un tema de conversación en mi entorno. Nunca. Tuvieron que pasar años, oír hablar de cosas como dictadura, golpe de estado, franco, exilio, república, azules y rojos… para que me asaltara la necesidad de saber en qué parte del pastel habían estado los míos… o de confirmar la intuición.

Y sé bastante poco. Porque pregunté tarde. Porque uno de mis abuelos murió antes de que yo tuviera conciencia del pasado, y porque el otro, mi yayo querido, parecía haber hecho un pacto de silencio consigo mismo. Aun así, sé algunas cosas. Sé que los dos fueron al frente. Que mi a mi abuelo Juan lo hirieron pronto en una batalla, dice mi padre que tenía las marcas de las balas -nunca las vi-, y que pasó la mayor parte del tiempo en la enfermería y lo enviaron pronto a casa. Ya estaba casado con mi abuela Isabel y su primer hijo había nacido en 1936. Sé que a mi abuela nunca le gustaron los hábitos. Y no sé si pudo más su repulsa a tener que vestirse como las monjas o la negativa de su padre a que estudiara… estudiar, qué cosas para una mujer de campo… lo que le hizo perder probablemente la única oportunidad que tuvo en su vida de aprovechar su prodigiosa mente. Ella, que era una rebelde, se afilió siendo bien joven a la CNT. Una vez me contó en la cama de un hospital, recién operada de la cadera a sus 93 años -¡y volvió a caminar sin apoyo!- que tuvo un hermano, Ramón, quien siendo un chiquillo se subió un día en el furgón de las milicias y se fue a la guerra. “Es como si lo estuviera viendo marcharse ahora mismo”, me decía. Ésa fue la última vez que lo vio y la última vez que supo de él. La guerra se lo tragó. Y es duro pensar que seguramente gran parte de la familia ignora que en la nuestra también existe un desaparecido. Y lo peor. Que nadie lo ha buscado después.

Mi abuelo, mi yayo del alma, jamás dejó que ninguno de sus hijos le preparara el voto a su mujer, mi abuela Antonia, consciente de que éstos eran más partidarios de los populares. Nadie sabe cómo vivió mi abuelo Antonio la guerra. Una de las pocas cosas que sabemos es que a mi abuelo lo hicieron prisionero. Dicen que durante esos años estuvo sirviendo en la casa de un señorito en Madrid, pero yo, no sé si por fantasías mías o por esa conexión tan única que me unía a él, nunca lo creí. Y tendré que vivir perdonándome no haberle preguntado. Pero siempre he pensado que mi abuelo, que llevaba un número tatuado en un brazo, fue uno de los tantos republicanos que trabajaron en el valle de los caídos, y lo pongo así, en minúsculas, porque me niego a darle nada más a ese nombre y a ese lugar.

Sea como fuere, en mi familia se heredó ese silencio. Y una nació con la vocación de dar voz. El silencio es amigo del olvido. Prefiero la palabra y la memoria. Duele saber que no podrás recuperar esa parte de tu propia historia familiar y personal, pero es necesario seguir luchando por el derecho a que se sepa, que se recuerde y se haga justicia, por mis abuelos y por todos aquellos que combatieron, que murieron o que desaparecieron en nombre de la Libertad.

Así que por todo eso, comparto este vídeo que he recibido hoy.

Salud y República.

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Cayo Lara en Elche

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De pequeña, los primeros de mayo solíamos acudir en familia a la manifestación. Supongo que desde antes de entender su significado me fui acostumbrando a la letra y a la música de la Internacional, que nos despertaba ya a primera hora de la mañana desde los megáfonos y altavoces improvisados que se instalaban en una pequeña furgoneta empapelada que recorría el barrio. El 1º de mayo era día de habas y coca, de banderas, de calle… Me manifestaba sobre los hombros de mi padre, con globos rojos, y ya algo cansada, esperaba a que la fiesta terminara o jugaba con mi hermana a espantar palomas por el parque municipal mientras los mayores escuchaban a otros mayores decir cosas de derechos, del calzado, de 35 horas… y asentían y aplaudían. Creo que fue mi primera experiencia vital de algo parecido a lo que llaman “solidaridad”.

Desde entonces, no sé si por convicción o por nostalgia, suelo acudir a la cita. En el camino se ha quedado mi hermana, que ni siquiera recuerdo la última vez que compartimos el día, y mi madre, que raras veces suele sumarse. Así que ahora voy sola o con mi padre. Todavía no he conseguido engañar a Álex para que me acompañe.

Este año, que por el contexto que tenemos ansiaba la llegada del día, por esa curiosidad de ver el clima que se respira entre los trabajadores, los discursos de los sindicatos, si seríamos más o menos personas… fallé. El 1º de mayo me ocuparon otros menesteres. Y arrastraba una pequeña herida en mi conciencia de clase que sólo ayer pude cerrar. Volviendo a casa de la uni me crucé con un cartel (un A4 fotocopiado en blanco y negro) que anunciaba la visita de Cayo Lara, Coordinador General de Izquierda Unida, en el Centro de Congresos. ‘Umhhh, no está mal la cita para terminar un miércoles’. Y fui. Y me encantó. Ya no sólo por la sorpresa de encontrarme con una sala absolutamente abarrotada de personas, con los históricos del pueblo, pero también con mucha gente joven, sino por la sintonía total con cuanto dijo. Y volví a sentir representadas mis ideas. Y volví a recordar por qué, a pesar de los cuentos del “voto útil” y demás, les he ido dando mi confianza cada cuatro años. Igual somos un poco como los seguidores del Atleti… A mí nunca me ha importado que me señalen con el dedo y me llamen utópica, idealista o soñadora. Yo creo firmemente en que las cosas pueden, y deben, cambiar. Y como decía Lara ayer al final de su intervención, hay un trabajo que hacer con las mentes.

Así que, para los que no pudieron estar allí. Os comparto el video de su intervención (es la primera de tres partes, el resto las podéis ver en youtube) y ya sacáis vuestras propias conclusiones en un día tristemente importante para el país.

PD: por cierto, hoy no he encontrado ni una sola referencia en los diarios locales. Ni en La Verdad ni en Información. Mutis por el foro. Prensa responsable la nuestra cuando viene alguien a hablarnos de la crisis y de propuestas… Sí he encontrado referencias en Radio Elche y en Elche Digital.