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Nunca es tarde… y si no, que se lo digan a Benita

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Benita y su libro en la imagen publicada hoy en el diario Información.

A Benita solo le falta una ‘d’ en su nombre para estar tocada por la buenaventura. Y aun así, lo está. Benita Martín ha salido hoy en el periódico del poble -mi ciudad de más de 200.000 habitantes y otras tantas palmeras-, así que, a sus 90 años recién cumplidos tiene motivos más que de sobra para estar de fiesta. La imagino enseñándole el recorte a sus vecinas, ‘mira, mira, a ver si te suena la de la foto’, o sonriendo picarona al comprar el pan, ‘Benita, que me han dicho que sales en el Información de hoy, ¿y eso?’.

‘Eso’ son las grandes lecciones que nos dan los pequeñitos y que alegran y llenan de sentido páginas que día tras día tras día nos traen siempre las mismas noticias, tan grises y aburridas. Tan rutinarias. Benita es un rayo de luz en ellas. Esta extremeña decidió, a los 89 años, que había llegado la hora de escribir, supongo que siendo consciente, o tal vez no y eso no sea más que cosa mía y de mis obsesiones particulares, de que en cualquier momento esta cosa llamada vida se acaba y con ella se va todo lo que llevamos dentro. Y uno, cuando se acerca el final, debe temer perderse para siempre. La escritura es la garantía del recuerdo, o al menos, su posibilidad. La de quedarnos a nuestra manera.

Cuentan los papeles que Benita no tiene mucho más que estudios primarios, pocos, pero que ha mantenido bien sano, a pesar de las décadas, el músculo de la curiosidad y el afán por la lectura. Un día decidió que su hija debía enseñarle las modernidades del teclado y la pantalla. Lo aprendió. Y escribió, escribió y escribió. La imagino construyendo palabras, dedo a dedo, buscando en ese desorden las vocales oportunas y aprendiéndolo a fuerza de constancia.

Su vida es ahora un libro autoeditado como regalo por sus 90, un regalo para cuando deje de ser y una nueva pasión, la de juntar letras, para el mientras tanto. Promete nuevas creaciones, cuentos para niños y algo sobre lo aprendido durante tantos años de observación y amor a las cigüeñas. Se nos cuide mucho esta sabia.

Bendita Benita.

PD: ¿Verdad que esta historia os recuerda un poquito a la de Phlyllis Greene y su blog?
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Noviembre

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Al salir a caminar me brotan versos, 
de repente
siento un hambre profunda y olvidada de poesía
de ser en forma de palabras.
Sin rima ni estructura
van surgiendo a cada paso. 
Uno, dos, tres…
Dejadme aquí, 
en este silencio verde y frío,
acompañada solo de las palmas
ahora olas
que se agitan y saludan
al compás de un baile viejo
hecho de tiempo y tristezas.
Así, paso a paso,
la ciudad se vuelve isla
y yo me quedo en este mar
donde ya no hay coches ni sirenas.
Las paredes de los colegios 
hace rato que se tragaron
ese ruido de niños de las nueve.
Noviembre no es más que un mes cualquiera
en un calendario atemporal.
A mí dejadme las palmeras
esos días en los que no quiero pensar.

Una nueva rutina, un paseo matutino descongestionante y un proyecto con el que acompañar de forma creativa este proceso en el que estoy. Un refugio para descansar del rigor académico y encontrar de una vez la armonía de estos dos ‘yoes’ míos. Llegó un jueves frío de noviembre. Por fin.

El curry de los hombres buenos

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Hace un par de días nos dieron una buena noticia, tan buena que es de esas que no parecen de verdad, especialmente cuando llega después de un tiempo de nubes e invierno casi permanente. Cayó como caen los primeros rayos de sol, los que se dejan ver en el aire, en su empeño por dar un poquito de luz y llegar hasta el suelo. Así es que, contentos con la sorpresa de lo bueno e inesperado, Álex y yo decidimos ir a celebrarlo a una terracita en la que nos dieran algo de comer. ¿La de Praga -una conocida cafetería ilicitana- junto al Vinalopó? De acuerdo.

Y hacia allí nos dirigíamos cuando al cruzar la Plaza de Baix, en la esquina con la calle Mare de Deu del Carme, nos atrapa un aroma de curry. A los dos. Ipso facto. Petrificados. ¡Qué olor a curry! ¿Aquí? ¿De dónde vendrá? Descubrimos entonces una pizarra, muy discreta, que anunciaba un plato de pollo (chicken, que ahora empieza a ser ya tiempo de turistas) al curry con arroz por un módico precio. No hace falta decir que descartamos inmediatamente la opción del sandwich y sucumbimos, seducidos por nuestros sentidos… animalicos somos.

Resulta que en un pequeño local, hasta hace bien poquito una heladería -de hecho todavía quedan en las paredes carteles del anterior negocio- ha montado una especie de Kebab un hombre con cara de buena de persona que después me contaría que es indio. Es de estos sitios humildes, básicos, tanto que ni siquiera ha quitado el cartel antiguo y el nombre de su apuesta, ahora, es una mezcla un tanto exótica “Capritx. The pizza shop”. En las paredes, escrito a mano con rotulador rojo sobre salvaplatos de papel, se esparce la carta.

Probamos unas pakoras y unas samosas de verdura. Exquisitas, especialmente las pakoras. Y, por supuesto, el chicken. ¡Delicioso! Comentábamos Álex y yo que es una pena que solo tenga dos mesas en la calle, que cabe muy poquita gente y el tipo, además de ser encantador, sirve una comida excelente. Ojalá le vaya bien, nos dijimos. Parece un hombre bueno. Ésa es mi teoría particular no rigurosa pero que por el momento no me ha fallado sobre las personas a las que le brillan los ojos. Brillo del auténtico.

Disfrutamos de la cena, mucho, y luego hablamos un poquito con él. Nos contó que era indio, del Punjab. ¿Conoces Punjab? Al norte de la India, junto a Pakistán. No, lo más lejos que he llegado por ahora hacia allá ha sido Siria, pero espero ir pronto a la India. Punjab es una zona muy famosa porque hay muchos sijs [al sijismo lo llaman la religión de los gurús], los del turbante en la cabeza. ¿Y llevas mucho tiempo aquí? No, poquito, acabamos de abrir, vamos a ver…

No sé mucho más pero volveré para que me cuente su historia. Dice Álex que nos gusta mirar el alma de la gente.

Calentando motores… ¡nos visita Nicole Odia!

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(Hay que reconocer que para no dedicarme ni por asomo a esto del diseño gráfico y manejarme con el Photoshop de aquella manera la invitación me ha quedado la mar de bien… que una ya no tiene abuelas)

Cayo Lara en Elche

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De pequeña, los primeros de mayo solíamos acudir en familia a la manifestación. Supongo que desde antes de entender su significado me fui acostumbrando a la letra y a la música de la Internacional, que nos despertaba ya a primera hora de la mañana desde los megáfonos y altavoces improvisados que se instalaban en una pequeña furgoneta empapelada que recorría el barrio. El 1º de mayo era día de habas y coca, de banderas, de calle… Me manifestaba sobre los hombros de mi padre, con globos rojos, y ya algo cansada, esperaba a que la fiesta terminara o jugaba con mi hermana a espantar palomas por el parque municipal mientras los mayores escuchaban a otros mayores decir cosas de derechos, del calzado, de 35 horas… y asentían y aplaudían. Creo que fue mi primera experiencia vital de algo parecido a lo que llaman “solidaridad”.

Desde entonces, no sé si por convicción o por nostalgia, suelo acudir a la cita. En el camino se ha quedado mi hermana, que ni siquiera recuerdo la última vez que compartimos el día, y mi madre, que raras veces suele sumarse. Así que ahora voy sola o con mi padre. Todavía no he conseguido engañar a Álex para que me acompañe.

Este año, que por el contexto que tenemos ansiaba la llegada del día, por esa curiosidad de ver el clima que se respira entre los trabajadores, los discursos de los sindicatos, si seríamos más o menos personas… fallé. El 1º de mayo me ocuparon otros menesteres. Y arrastraba una pequeña herida en mi conciencia de clase que sólo ayer pude cerrar. Volviendo a casa de la uni me crucé con un cartel (un A4 fotocopiado en blanco y negro) que anunciaba la visita de Cayo Lara, Coordinador General de Izquierda Unida, en el Centro de Congresos. ‘Umhhh, no está mal la cita para terminar un miércoles’. Y fui. Y me encantó. Ya no sólo por la sorpresa de encontrarme con una sala absolutamente abarrotada de personas, con los históricos del pueblo, pero también con mucha gente joven, sino por la sintonía total con cuanto dijo. Y volví a sentir representadas mis ideas. Y volví a recordar por qué, a pesar de los cuentos del “voto útil” y demás, les he ido dando mi confianza cada cuatro años. Igual somos un poco como los seguidores del Atleti… A mí nunca me ha importado que me señalen con el dedo y me llamen utópica, idealista o soñadora. Yo creo firmemente en que las cosas pueden, y deben, cambiar. Y como decía Lara ayer al final de su intervención, hay un trabajo que hacer con las mentes.

Así que, para los que no pudieron estar allí. Os comparto el video de su intervención (es la primera de tres partes, el resto las podéis ver en youtube) y ya sacáis vuestras propias conclusiones en un día tristemente importante para el país.

PD: por cierto, hoy no he encontrado ni una sola referencia en los diarios locales. Ni en La Verdad ni en Información. Mutis por el foro. Prensa responsable la nuestra cuando viene alguien a hablarnos de la crisis y de propuestas… Sí he encontrado referencias en Radio Elche y en Elche Digital.