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Letizia Ortiz, princesa

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“Estoy muy contenta con mi trabajo actual”

(sobran las palabras)

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Catetespaña y la señora Mojama

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Seamos sinceros. Nos echamos las manos a la cabeza cuando nos dicen que algunos norteamericanos piensan que aquí andamos todo el día palmeando, de peineta y con vestido de lunares, de sarao en sarao, pero es que todo este circo que se está montando alrededor de la visita de su primera dama, también conocida a partir de ahora como la señora Mojama, no hace más que añadirle caldo al asunto.

Amanecía hoy el sureste de Catetespaña con temperaturas agradables. Un día que se aventuraba tranquilo, brisa suave, pajarillos cantando… una atmósfera bucólica en la que me disponía a desayunar sin mayores contratiempos hasta que esa bestia llamada televisión me ha devuelto a la más burda de las realidades. Tras la pantalla, una granaína conocida como “la Porrona” compartía con el resto de Ejjpaña los pormenores de lo acontecido la noche anterior en la cueva La Rocío, donde básicamente se corrieron la juerga. Y con musho arte, que ya lo decía alguno de los presentes, “como toda la gente de color, tiene mucho ritmo” (y más ancho que largo, oye). Por cierto, sigo sin noticias de la pijama-party y, por lo visto, lo de estar alojado en el mismo hotel tampoco está dando mucho juego, lástima porque le habrá costado un pico al medio, pero no ha habido actualización alguna, snif.

Pero vamos con una de nuestras protagonistas del día (desbancando a los embarazos y partos del famoseo, los paseos de las infantitas, los modelos de la duquesa y los malos rollos matrimoniales -que este verano le tocan a Marta Sánchez, día sí, y día también). Entrevistada por una intrépida reportera, “la Porrona” nos contaba así lo acontecido (le pongo las eses, ya sé que no luce igual pero para eso está el yutú):

– “Nosotros bailando y ella haciendo palmas, te lo juro, y la boca abierta todo el rato, sonriendo, mu agradable, palabra de honor, mu agradable… Yo le he dicho que vuelva con su marío… pero claro, como yo no me acordaba que era el nombre de… ¿cómo es? Obama… y yo le he dicho Mojama”

[Nota aparte: la mosca –logotipo del canal- es de La 2, ¡La 2!, ese canal cultural que emite documentales, deportes y misa los domingos por la mañana… ¿pero qué broma es ésta?¡hasta aquí podíamos llegar!]

¡Gloria pa ti, Porrona! Estamos más que encantados de saber que Michelle de España bebe vino tinto, come tapas, hace palmas, baila y, ¡encima!, para deleite y orgullo patrio, se muestra interesadísima por Isabel la Católica. Pero qué bien enseñadica que ha venido de casa. Y la nena también, que se lleva de recuerdo de su paso por la capital nazarí un fantástico cd de música de los siglos XV y XVI grabado en la Capilla Real. Ya me la imagino no cabiendo en sí de gozo ante la perspectiva de las fiestas para sus amiguitos yanquis que podrá amenizar con sonidos medievales y renacentistas.

En fin, que mientras espero la invitación para la ‘Starlite’ de Eva Longoria en Marbella, donde también son muy de cenas y galas benéficas –que no va a ser todo yate- y a la que por supuesto asistirá nuestra señora Mojama, perdón, Obama (ándese con ojo señor presi no se vaya a liar la cosa, que el ‘evento’ se va a celebrar en el mismo hotel donde se aloja su esposa y, entre otros, por allí andará Antonio Banderas, y ya sabemos de su irresistible atractivo ibérico y de las memorables palabras de Sarah Palin), os cuento algo bastante más interesante sobre la visita de Michelle a nuestras tierras.

Resulta que según el Washington Post, la llegada de las Obama a España ha servido para que el Departamento de Estado norteamericano ordene la retirada del aviso en el que se advertía a los ciudadanos estadounidenses de origen afroamericano que fueran a viajar a España del peligro existente ante posibles arrestos policiales basados en “prejuicios racistas”. Un aviso vigente desde hace un año y medio, cuando dos empleados del gobierno fueron detenidos por la policía. Según el portavoz del Departamento de Estado, P. J. Crowley, “ha sido la atención mediática en torno al viaje [de Michelle] lo que nos ha hecho revisarlo (…) y pensar que la información ya no tenía validez”.

Una vez más, ¡gracias Michelle! Que no solo vienes a vernos sino que, además, nos curas del racismo.

Catetespaña y las vacaciones de Michelle Obama en Marbella

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Ayer, mientras comía, o me tomaba el aperitivo, porque no sé muy bien si fue en el Telediario o en lo de la Igartiburu (tenía más pinta de lo segundo aunque tal y como están las cosas tampoco me sorprendería mucho que fuera en lo primero) vi un plano de la pancarta con que Marbella daba la bienvenida a la flamante (y elegante y magnética y simpática y sonriente y etc., etc.) esposa del presidente de los Estados Unidos de América, Michelle Obama (¿os imagináis una Sonsoles Zapatero? Yo no, pero esto no viene al caso ahora).

No hace falta cavilar mucho para hacerse una idea de la estética del cartel de turno. Sus estrellas, sus tonos de bandera USA… inevitablemente rememoraba aquella escena del cine español, tan nuestra, en la que los oriundos de Villar del Río saludaban con entusiasmo a un tal Mr. Marshall, que venía a llenarnos la butxaca de dólares (ahora acabo de saber que el Ayuntamiento marbellí ha ordenado que lo retiren pues por lo visto se le ha dado más bombo del que pretendían que tuviera… pues no sé qué esperaban… ese ‘thanks for choosing Marbella’ en plan casi de agradecimiento mendicante en los –malos- tiempos que corren, incluso allí).

Pues bien, incrédula ante la visión y la constatación de lo cutres y catetos que, según las circunstancias, podemos seguir siendo en este país decidí comenzar en Facebook mi serie ‘Crónicas de Catetespaña’, que con algo hay que amenizar los calores de agosto y el trabajo que tengo por delante. Así que de vez en cuando me entretengo con el delicioso seguimiento de la visita de la esposa e hija de Mr. Peace Nobel.

En su encomiable labor de tener a la sociedad española puntualmente informada de los asuntos de interés público –nadie ha dicho que las consecuencias de las inundaciones en Pakistán lo sean-, ahíta me hallo de tanto conocimiento. Agradezco enormemente el tiempo y los recursos que nuestra prensa seria (se-ría usté) está destinando a tan ilustre deidad, que debe sentirse la mar de protegida, no sólo por las personas que la acompañan y que se alojan en 60 habitaciones de súper lujo –pagadas por ellos mismos, no se vayan a pensar que estos americanos, tierra de filántropos de postín, son como nuestra clase política que se gasta los dineros públicos en casar a las hijas en El Escorial-, sino por la corte de periodistas que vigilan sagazmente cada uno de sus movimientos.

He sabido que la señora tuvo que suspender un partido de tenis porque la bruma no aconsejaba jugar y optó por pasear cual turista por las calles marbellíes, entrar en un par de tiendas en incluso comprar algo. Lo que ya no sé, me cachis, es si entre ese algo que compró habrá algún regalo para su esposo que, quién no lo va a saber a estas alturas de la película, cumple años en la soledad chicagüense.

Señora, hija y amigos también disfrutaron anoche de una cena en un patio andaluz, y no se vayan a pensar, bebieron vino tinto y de Málaga, como está mandao. Lo que me inquieta un poco más es que la pequeña Sasha no encontrara postre que la sedujera en el restaurante y tuviera que salir con una amiguita a una heladería para pedir una tarrina, de ésas que también comemos el resto de los mortales. ¿Se imaginan la cara del camarero, perdón, maître, cuando al preguntar por el postre les dijeran ‘no, es que las niñas prefieren ir a la heladería de aquí al lado a por una tarrina’? Pero qué desconsideración, vamos, a mí mi madre no me lo hubiera consentido, hacerles un feo así… Pero no importa, eso son detalles menores porque las Obama son de lo más simpáticas y luego van y te estampan un par de besos “a la española” y te quedas más que contento, a pesar de lo de la tarrina. Y ya puede venir luego la mismísima Carmen Sevilla a cenar, que lo que va por delante, va por delante.

Estoy especialmente contenta porque un diario como ABC no podía fallarme en algo así y tirando de contactos ha conseguido alojar a uno de sus periodistas en el mismo hotel que la primera dama, para envidia cochina del resto de compañeros del gremio que tienen que aguantar el plantón bajo el sol malagueño. Éste sí que tiene información privilegiada y de primer orden, o si no, qué me dicen de la exclusiva del día. La señora de Obama se montó una fiesta de pijamas, o pijama-party que es como más chic, en su habitación la primera noche de sus vacaciones. Eso es periodismo de investigación y lo demás en andarse con mindundis. Resulta que la mujer no quería que le llevaran más jarrones chinos a la suite (y no me extraña porque lo de lo de los jarrones chinos es de un hortera que no veas, ¡si hasta los regalaban tiempo ha en los chinorris de mi pueblo con los puntos de la cenas!) y pidió que se dejaran de decoración y le llenaran el salón de camas. Es que el vino tinto y el Málaga es lo que tienen, que uno se pone, se pone y no sabe cómo puede acabar la cosa. Conste que sigo esperando las últimas noticias de tan privilegiada fuente.

De momento sólo sé que la esposísima y la comitiva de 10 vehículos que la acompaña (que no hay que hacerse notar) han llegado bien a Granada y se han refrescado en una heladería italiana, no sin dificultades, pues los dueños del establecimiento no sabían inglés y les ha costado lo suyo entenderse. Pero vamos, que al final se han aclarado, que en casos así lo de señalar lo que quieres siempre ayuda, y han podido disfrutar de su helado de chocolate con trufas.

A la espera de más noticias, y esperando que Mr. Peace Nobel todavía nos dé la sorpresa, sólo un consejo para la señora Obama, por si acaso en algún momento se agobia de tanto ajetreo: a la próxima, no elija Marbella mujer, váyase a un lugar un poco más discreto que en ese rincón sureño están demasiado acostumbrados al faranduleo de tres al cuarto y luego pasa lo que pasa.