El curry de los hombres buenos

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Hace un par de días nos dieron una buena noticia, tan buena que es de esas que no parecen de verdad, especialmente cuando llega después de un tiempo de nubes e invierno casi permanente. Cayó como caen los primeros rayos de sol, los que se dejan ver en el aire, en su empeño por dar un poquito de luz y llegar hasta el suelo. Así es que, contentos con la sorpresa de lo bueno e inesperado, Álex y yo decidimos ir a celebrarlo a una terracita en la que nos dieran algo de comer. ¿La de Praga -una conocida cafetería ilicitana- junto al Vinalopó? De acuerdo.

Y hacia allí nos dirigíamos cuando al cruzar la Plaza de Baix, en la esquina con la calle Mare de Deu del Carme, nos atrapa un aroma de curry. A los dos. Ipso facto. Petrificados. ¡Qué olor a curry! ¿Aquí? ¿De dónde vendrá? Descubrimos entonces una pizarra, muy discreta, que anunciaba un plato de pollo (chicken, que ahora empieza a ser ya tiempo de turistas) al curry con arroz por un módico precio. No hace falta decir que descartamos inmediatamente la opción del sandwich y sucumbimos, seducidos por nuestros sentidos… animalicos somos.

Resulta que en un pequeño local, hasta hace bien poquito una heladería -de hecho todavía quedan en las paredes carteles del anterior negocio- ha montado una especie de Kebab un hombre con cara de buena de persona que después me contaría que es indio. Es de estos sitios humildes, básicos, tanto que ni siquiera ha quitado el cartel antiguo y el nombre de su apuesta, ahora, es una mezcla un tanto exótica “Capritx. The pizza shop”. En las paredes, escrito a mano con rotulador rojo sobre salvaplatos de papel, se esparce la carta.

Probamos unas pakoras y unas samosas de verdura. Exquisitas, especialmente las pakoras. Y, por supuesto, el chicken. ¡Delicioso! Comentábamos Álex y yo que es una pena que solo tenga dos mesas en la calle, que cabe muy poquita gente y el tipo, además de ser encantador, sirve una comida excelente. Ojalá le vaya bien, nos dijimos. Parece un hombre bueno. Ésa es mi teoría particular no rigurosa pero que por el momento no me ha fallado sobre las personas a las que le brillan los ojos. Brillo del auténtico.

Disfrutamos de la cena, mucho, y luego hablamos un poquito con él. Nos contó que era indio, del Punjab. ¿Conoces Punjab? Al norte de la India, junto a Pakistán. No, lo más lejos que he llegado por ahora hacia allá ha sido Siria, pero espero ir pronto a la India. Punjab es una zona muy famosa porque hay muchos sijs [al sijismo lo llaman la religión de los gurús], los del turbante en la cabeza. ¿Y llevas mucho tiempo aquí? No, poquito, acabamos de abrir, vamos a ver…

No sé mucho más pero volveré para que me cuente su historia. Dice Álex que nos gusta mirar el alma de la gente.

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