Nostálgica…

2009 Diciembre 5
de Maribel Hernández

… de vez en cuando siento una extraña nostalgia en las entrañas, de lo que fue, de lo que no es, de lo que pudo haber sido, de las huellas, incluso del dolor…

… hay un algo ahí, tal vez por el ombligo, desde donde irradia a todo el cuerpo, y lo llena de una melancolía silenciosa…

… tal vez sea saturno, que me descompone el orden planetario…

… tal vez sea una ceguera momentánea y sin sentido

… o tal vez, simplemente tenga que aceptarlo, soy nostálgica y ya está, no hay más

… o será que he ido teniendo una vida de colores, tanto en personas como en momentos, y de tanto en tanto, vienen a visitarme en forma de sueños y recuerdos que se instalan en esa zona del ombligo…

… en fin, será que soy nostálgica

El Hermitage y los rusos

2009 Diciembre 1
de Maribel Hernández

La semana pasada estuve en Rotterdam, de miércoles a sábado, en un pequeño congreso organizado por ECREA (European Communication Research and Education Association) en la Erasmus University (nombre que hace honor al humanista y no a la beca gracias a la cual los universitarios pasan unos meses en otros países haciendo casi de todo menos estudiar ;) , bajo el título “Media, Communication and the Spectacle”.

En esto de los congresos siempre hay un poco de tiempo (en ocasiones robado al programa, para qué nos vamos a engañar) para hacer algo de turismo. Y si además, una va a acompañada de una amiga y compañera extraordinaria y también inquieta, pues mejor que mejor, porque se aprovechan más las horas y se disfruta mucho más del viaje. Así que, con el trabajo hecho (y constatada la necesidad de mejorar el inglés oral), decidimos hacer una pequeña excursión a Ámsterdam, ciudad de la que no guardaba un grato recuerdo, no por ella en sí, sino porque el tiempo no acompañó cuando la visité por primera vez y la memoria ha registrado mayormente una lluvia casi torrencial y mis pies y calcetines absolutamente calados, a pesar del paraguas, a pesar de las carreras, a pesar de todo.

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La infancia es para aprender…

2009 Noviembre 16
de Maribel Hernández

… y no para casarse. Un vídeo del Art Center College of Design de Pasadena, para la semana en la que se cumplirán los primeros veinte años de la Declaración de Derechos del Niño (y de la niña)

gente del barrio

2009 Noviembre 14
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de Maribel Hernández

Hay un hombre en mi barrio (y no me refiero al barrio donde vivo ahora, sino al que siento realmente mío, aquél donde nací, crecí, fui al cole, me enamoré por primera vez y hasta me rompí los dientes) bastante peculiar. Bueno, seguramente habrá más de uno y más de una que cumpla las características que hace de alguien un ser peculiar, pero en este caso me estoy refiriendo a uno en concreto, al que llamaremos -sorry- el Peluquín, pues así lo apodaron los niños, -mis chicos- con los que pasé muchas de las inolvidables tardes de mi infancia.

Esta tarde lo he vuelto a ver, saliendo de su casa, un edificio de los de antes, de esos de dos plantas con puerta de madera, una vivienda seguramente unifamiliar, grande, para vivir el solo, pues jamás se le ha conocido compañía. El señor es un lobo solitario, de afanes desconocidos y atuendo inmutable al paso del tiempo.

Hace perfectamente más de quince años desde que ellos (los chicos) jugaban a cabrearlo, llamándolo ¡pelucas!, delatando públicamente un detalle más que evidente: su tupida peluca castaña oscura a modo de casco. ¡Y sigue llevando la misma! Perfectamente peinada, con las mismas gafas de sol tipo pantalla, de un negro abismal (jamás recuerdo haberlo visto sin ellas) para cubrir sus ojos silenciosos, detrás de las cuales debe asombrarse de la velocidad a la que pasa el tiempo en el barrio, cómo crecemos y nos vamos los que un día fuimos pequeños, cómo vienen otras gentes de otros lugares de hablas extrañas… y cómo en su pequeño universo nada altera el verde de su gabardina. ¿Qué esconderá detrás de ella?

¿Acaso habrá hecho un pacto con el diablo? Dicen que uno apenas percibe el envejecimiento de las personas con las que comparte vida y ensueños. ¿Y el de sus vecinos? Desde luego, parece que más de una década se olvidó de pasar por su casa. Tal vez en su televisión por las tardes siguen poniendo Barrio Sésamo, no existan canales como Telecinco y ni mucho menos esas modernuras de La Sexta, por no hablar de realidades virtuales o del mundo 2.0.

Laca Nelly, gel Nelia… y un joven Jesús Hermida analizando las noticias por las mañanas… sin Grandes Hermanos, ni realities, los viernes verá el Un, Dos, Tres, y tal vez sueñe con ganar algún apartamento en Torrevieja…

¿Y si pudiéramos parar el tiempo de vez en cuando?

Lo que no nos cuentan de los piratas

2009 Noviembre 10
de Maribel Hernández

Recomiendo “muy mucho” este texto que hoy publica Corresponsal de Paz (vía Sodepaz) sobre la otra cara de Somalia y los “piratas”, elaborado con información de Al Jazzera, Huffington Post y WardherrNews… muy ilustrativo y bien documentado para los que quieran saber algo más sobre un conflicto complejo del que se está ofreciendo una información muy parcial. No olvido la angustia de las familias, y deseo que para la tripulación del Alakrana la pesadilla que están viviendo acabe pronto, pero si queremos una información responsable tenemos el deber de conocer “la otra historia”.

El hombre que fue a la ópera en zapatillas

2009 Noviembre 4
de Maribel Hernández

No sé su nombre, de dónde es, si alguna vez ha tenido familia, a qué ha dedicado su vida… de hecho sé bastante poco, por no decir nada, del hombre que el sábado pasado fue a la Ópera de Viena en zapatillas de andar por casa. Pero me dio una enorme lección de dignidad.

Andaba de visita exprés en Viena, un fin de semana en casa del primo gracias, todo hay que decirlo, a las ofertas -con trampa- de Ryanair. Decidimos ir a la ópera, eso sí, por la puerta de atrás, la de la plebe. Unas entradas de tres euros te dan acceso sin asiento a uno de los edificios más históricos de la capital austríaca (cuentan que fue muy criticado cuando se inauguró pues su altura no superaba a la Ópera Garnier de París, y ¡cómo iba a tener Viena, cuna de la música clásica, una ópera más pequeña! tanto es así que, según mi guía turístico particular, con quien comparto sangre y de quien me fío, uno de sus arquitectos se suicidó).

Pues allí estábamos haciendo cola cuando delante de mí pasa un hombre de aspecto descuidado, barba blanca, abrigo centenario y piel rasgada, por el frío o por la vida, quién sabe, o tal vez por ambos… empujaba una maleta, y sobre ella llevaba una bolsa con ropa o mantas… con una temperatura exterior de dos grados centígrados, caminaba sobre unas zapatillas de andar por casa. En la Ópera. Deduje, enamorada yo del romanticismo y de la magia, que era una persona con pocos techos propios para pasar las noches.

A partir de ahí infinidad de historias posibles detrás de ese hombre mayor, casi anciano, que iba a la ópera un domingo por la tarde, a ver Fidelio, de Beethoven, precisamente la obra con la que se reabrió el recinto un 5 de noviembre de 1955, después de las bombas y el incendio de la Segunda Guerra Mundial.

Ávido de música y de cultura, una mano extendida en la calle que no pide ayuda para comer, sino para alimentar el alma. Algún antiguo gran músico o cantante venido a menos, tan a menos y tan abajo que su último consuelo se limita a eso, a la posibilidad de volver al teatro por tres euros y en zapatillas…

Sentí tanta curiosidad, ternura y admiración… Y al mismo tiempo, una cierta amargura, convencida de que este señor de pasado imaginario sería sin duda un ocupante de alguna de las butacas privilegiadas mucho más digno que cualquier otro u otra de los que lucían pajarita o vestidos con brillos y pagaban por una botella de agua esos mismos tres euros que nuestro amigo seguramente había conseguido céntimo a céntimo para poder trasladarse durante un par de horas a otros mundos al compás de los violines de Beethoven.

(Salí por la puerta principal, él, estoy segura, también)

El Joan Gomis

2009 Octubre 29
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de Maribel Hernández

Esta vez ha sido un viaje rápido a Barcelona, corto e intenso, de esos de los que no te dejan disfrutar de las personas que no siempre tienes al lado, a las que ves de vez en cuando pero que se siguen manteniendo cercanas en la distancia. Pues bien, aquí abajo está el testigo de que sí, el martes por la tarde estuve en Barcelona recogiendo el Joan Gomis, compartiendo la alegría con mi madre y mi tío, y con el leal compañero de sueños Mikel, pensando en los que se habían quedado en casa, con las ganas de venir y las complicaciones de la vida cotidiana, pensando en los que ya no están aquí y desde arriba, o donde estén, sé que también se alegraron conmigo, pensando en las personas valientes y extraordinarias, que se juegan el pellejo por hacer de éste un mundo mejor, pues el mérito, el verdadero mérito es de ellas y ellos. En mi caso, yo sólo le puse palabras, si no hay personas, no hay historia, i prou.

memoriajoangomis

El acto de entrega fue muy sencillo, muy cercano y muy humano. Es curioso. Jamás conocí a Joan Gomis, pero me vengo con la sensación de haber estado cerca de él. En la foto, a mi lado, Paco Simón, el premiado en la categoría de publicados, por un excelente documental sobre los exiliados de la Unión Patriótica en España, y entre los protas, dos conocidos, Héctor y Lucho. Muy recomendable. Se puede ver aquí. Volver a escuchar a Lucho eriza la piel. Emociona su grandeza, su dignidad, su fuerza. Me recuerda también la historia de Leonora, otra mujer de las valientes. Tengo algo pendiente con ellos.

Recuerdo cuando estudiaba en Barcelona e iba recogiendo información como loca de los actos y conferencias, seminarios, etc. que se organizaban por aquellas tierras, sedienta de lo que no siempre encuentro en las mías. Entre ellas, la de los Lunes por los Derechos Humanos, organizados por Justícia i Pau. Quién me iba a decir a mí que, tiempo después, “posaría” al lado de Arcadi Oliveres… cosas (inesperadas y bellas) de la vida.

brújula

2009 Octubre 22
de Maribel Hernández

Esta mañana regresaba a mi cueva, también llamada ‘habitacina’ por la escasa distancia que separa la cama de la nevera y los fuegos, cuando me he encontrado una brújula en el suelo.

Había llovido y el viento soplaba con fuerza. Yo iba fijándome donde ponía los pies porque no quería aplastar alguno de los caracoles que no sé muy bien de dónde venían, pero parecían haberse puesto todos de acuerdo para pasear por las calles de la UJI (más tarde los que se pasearían por el suelo serían unos gusanos gordos y horripilantes, como los que hay en las botellas de mezcal, con infinidad de patas capaces de moverse rápidamente, vamos, que los gusanos corrían, pero eso es otra historia).

El caso es que cuando estaba a punto de llegar a mi solitario destino me he topado con una pequeña brújula, de esas que van incrustadas en algún otro sitio, tipo mochila o llavero. Al principio he pasado de largo, pero después de cruzar la calle, no sé muy bien por qué, he tenido el impulso de regresar y recogerla. Me ha podido el simbolismo.

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amanece

2009 Octubre 19
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de Maribel Hernández

Son las ocho menos cuarto de la mañana cuando empiezo a escribir este post. Lo hago desde el asiento 12C, del coche 6, Euromed que va hasta Barcelona (siempre Barcelona), aunque esta vez yo bajaré en Castellón, donde “vivo”, donde me busco, hasta finales de noviembre.

A esta hora el día y la noche comienzan a confundirse (yo pensaba que amanecía más temprano!! a la vista está lo madrugadora que soy), el cielo se está tiñendo de una luz blanca, limpia, que dibuja sutilmente la silueta de las montañas, diluyéndose en un tono rosado que se va haciendo cada vez más visible.

Es un espectáculo maravilloso… y es así día tras día… parece mentira que dos veces cada veinticuatro horas la vida nos regale estos momentos de extraordinaria belleza. Recuerdo que una vez leí una entrevista a Gabilondo, en aquellos tiempos en los que daba los buenos días desde la Ser, en la que el entonces admirado mío decía que todas las mañanas subía a la terraza del edificio donde está el estudio de radio (en la Gran Vía de Madrid, creo) para poder contemplar este regalo. Y supongo, que para agradecer el milagro de la vida, y recordar lo pequeños e insignificantes que somos, aunque tantas veces nos sintamos tan importantes.

Sí. El amanecer es una cura para el ego.

(lástima no llevar encima una cámara de fotos para poder compartirlo)

PD: pronto llegaremos a Valencia. En mi vagón la mayoría duerme, algunos con los auriculares puestos, otros con la cabeza hacia abajo, otras acurrucadas sobre sus asientos, una mujer y su hijo lo hacen convertidos en uno. Sólo dos personas se han dado cuenta del espectáculo tras el cristal: una chica joven y una señora mayor. La más joven lo observa con la boca entreabierta… tal vez tampoco sea una gran madrugadora… me pregunto qué pensará… La señora lo mira con la cabeza apoyada sobre su mano, serenamente… se pone las gafas y disfruta… Me gusta pensar en estos regalos gratuitos, que tienen lugar para todos y para todas, en cualquier rincón… solo hay que abrir los ojos y dejar que nos envuelva…

Me gustas mucho tú….

2009 Octubre 17
de Maribel Hernández

iphone… tarde o temprano seré tuya… mío tu seraaaaaaaaaaaássss!!!!